Estimados amigos, en esta ocasión, quiero comentarles una anécdota que recuerdo del pueblo. Donde siendo un chamaco1, me uní a una muy particular partida de búsqueda para encontrar a «el cura perdido».
El contexto
Pues bien, como todos han de tener noción, ya sea por películas, charlas de familiares o experiencia propia, cada pueblito de México tiene su iglesita. Elemento que no solo forma parte del ambiente religioso, sino que también tienen función de difusor cultural popular. De hecho, en el pueblito donde vivía, gracias a la Iglesia, había kermeses2 con sus respectivos juegos y bailes. También gracias a la Iglesia había dispensario médico, antes de que tuvieran su auge las farmacias con consultorio médico añadido.
Con respecto a los curas, he de decir también, que era figuras importantes en el pueblo. Ya que además de oficiar los servicios religiosos, ayudaban a que los elementos extras funcionaran de la mejor manera. Dicho de otro modo, eran figuras preponderantes y por supuesto respetadas en todo el pueblo, por mérito propio. Desde aquí mi más profundo aprecio y admiración por aquellos sacerdotes católicos que hacen de los pueblos un mejor lugar para vivir.

La historia
Se me transfiere a la mente uno de esos tantos días en aquel pueblito. Recuerdo la impactante noticia de que el cura había desaparecido. También alcanzo a evocar la consiguiente alarma por parte de muchos de los habitantes de lugar.
La noticia corrió cuál plaga de chapulines en los campos. De hecho, nos tomó a todos por sorpresa. Con decir que, en menos que canta un gallo con catarro, se organizaron partidas para iniciar su búsqueda. Mis familiares y yo nos integramos a algunas de ellas.

La búsqueda de «el cura perdido»
Las partidas de búsqueda estaban integradas de las maneras más variopintas. La mayoría de ellas estaban integradas por señoras, señores y niños. Algunas otras por puros jóvenes. Yo estaba en una de señoras, señores y muchos chamacos. Para nosotros, los más chicos, todo aquello era una gran aventura.
Las búsquedas se realizaron por todas las partes analizables que pueden existir en un pueblo y sus alrededores. Algunos buscaron en pozos. Otros buscaron en zanjas. Nosotros, por ejemplo, buscamos en un cañal3.

De hecho, recuerdo el tremendo impacto cuando me encontré una extraña osamenta. Más aún, tomando el contexto de una búsqueda y pensando como chamaco, por un momento llegué a pensar que podía ser la osamenta del sacerdote. Sin embargo, hurgando un poco más, resulto ser de un burro, después de todo, era imposible dejar un esqueleto limpio con medio día en desaparición.

El avistamiento de «el cura perdido»
La búsqueda se prolongó por varias horas más. Se peinaron cañales, se inspeccionaron pozos, se revisaron cunetas y nada que aparecía. La gente del pueblo ya empezaba a perder las esperanzas de hallarlo. Hasta que de repente, algunos minutos más tarde, alguien grito que ya lo habían encontrado. Esto nos alivió a todos. Finalmente, la gente que había participado en las partidas de búsqueda pudo regresar a casa.
Posteriormente, con el paso de los días se corrió un rumor. Algunas personas decían que les había contado el amigo de una amiga, que lo habían encontrado disfrutando de unas copas en una cantina4. Esto último, insisto, no puedo asegurar que sea cierto, pues ni mis cercanos ni yo recibimos información de primera mano, solo como rumor o chisme. No obstante, entre brumas creo recordar, que después de ese incidente lo cambiaron de parroquia, argumentando que estaba enfermo. Pero tampoco puedo asegurarlo, hace tanto que pasó y como niño, poco me importaban estos detalles.

En fin, así estuvo lo del cura perdido.
Estimados amigos, en próximos posts el cuento más cosas. Mientras tantos reciban un muy cordial saludo allá donde se encuentren.



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