Hola amigos, hoy estaba recordando una extraña casualidad presente en un árbol. Casualidad que no por rara nos pareciera extraordinaria a los que allí vivíamos. Ya saben, lo que se ve de diario se vuelve cotidiano. Sin embargo, es un recuerdo que me vino a la mente, y esto es: ¡el árbol con rostro!
El entorno
Volviendo a aquellos tiempos, recuerdo que vivíamos rodeados de varios tipos de árboles, muchos de ellos frutales. Por ejemplo: atrás de mi casa había un arbolito de duraznos; más arriba, a un lado, un árbol de aguacatillo. Si te ibas unos pasos más atrás, había también un árbol de ciruelas huesudas. Al frente, a un lado, había también un árbol de naranjas, donde solía subir hace varios kilos corporales atrás. Por supuesto, también árboles de mango de todo tipo (en otros posts hablaré de ellos).

Sin embargo, el árbol del que quiero hablar, no es ninguno de los antes mencionados. El árbol de mi recuerdo es un cedro. Un cedro tan viejo como el pueblo mismo.
El rostro en el árbol
Como les comentaba, este cedro estaba tan viejo que le había surgido un rostro en el tronco. Un rostro creado de forma natural. Era una cara que contaba con ojos y boca. Inclusive tenía una barbilla.

Eso sí, la cara del árbol tenía algo de artístico en su expresión sufriente. De hecho, yo no lo sabía, pero el rostro del árbol, era el mismo que aparece en la pintura llamada «El Grito».

El misterio
Sobre este rostro en el árbol, siempre me pregunté si no sería una especie de alma atrapada en aquel tronco. Sin embargo, lo más lógico, es que dicho fenómeno simplemente fuera producto de la pareidolia. El fenómeno que nos permite reconocer figuras conocidas en patrones aleatorios.
A pesar de todo, por más lógico que pudiera parecer lo aquí escrito. Debo reconocer, sin duda, que en las noches de luna llena, tenía que armarme de mucho valor para pasar enfrente de «el árbol con rostro».

Amigos, les cuento más en la próxima. Un gran saludo y un abrazo.



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